¿Y cómo ayuno?


Por Anwar Tapias Lakatt


De las prácticas penitenciales que se nos invita a vivir en Cuaresma, el ayuno ocupa un lugar importante. El ayuno nos ayuda a fortalecer nuestra voluntad, mientras que sometemos nuestra carne a la voluntad de Dios. Precisamente el ayuno busca que seamos capaces de mirarnos como necesitados de la fortaleza de Dios; en momentos en que los deseos no pueden ser atendidos o saciados, es cuando colocamos nuestra mirada a quien es capaz de saciarnos y hacernos fuertes en su presencia.

El ayuno no es solo privarse de comer, pero aun así, en el comer doblegamos nuestra voluntad. Cuando tenemos hambre nos vemos en nuestra flaqueza y en nuestra incapacidad de ser autosuficientes, por ello es una práctica muy recomendada.
La Sagrada Escritura nos regala un texto hermoso sobre el ayuno en el profeta Isaías:

Este es el ayuno que yo amo —oráculo del Señor—: 
soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos
y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo;
cubrir al que veas desnudo y no despreocuparte de tu propia carne.

Entonces despuntará tu luz como la aurora y tu llaga no tardará en cicatrizar;
delante de ti avanzará tu justicia y detrás de ti irá la gloria del Señor.
Entonces llamarás, y el Señor responderá; pedirás auxilio, y él dirá: "¡Aquí estoy!"
Si eliminas de ti todos los yugos, el gesto amenazador y la palabra maligna; si ofreces tu pan al hambriento
y sacias al que vive en la penuria, tu luz se alzará en las tinieblas y tu oscuridad será como el mediodía.
El Señor te guiará incesantemente, te saciará en los ardores del desierto y llenará tus huesos de vigor;
tú serás como un jardín bien regado, como una vertiente de agua, cuyas aguas nunca se agotan.
Reconstruirás las ruinas antiguas, restaurarás los cimientos seculares, y te llamarán "Reparador de brechas",
Restaurador de moradas en ruinas". (Is 58, 6-12)

Lo que en el fondo Dios nos quiere enseñar es que el ayuno no puede ser una acción desconectada de una vida espiritual. El ayuno verdadero no puede ser una simple práctica exterior, mientras el resto de nuestra vida siga igual. En el texto de Isaías se nos invita a dejar de hacer lo malo al tiempo que hagamos el bien por el prójimo. Son innumerables las promesas que Dios hace a quien ayuna como debe ser. Este tiempo de Cuaresma debe ser un punto de partida para darnos cuenta qué está fallando en nosotros porque tal vez nuestra oración no es escuchada ni vemos la luz brillar precisamente porque mientras hacemos un ayuno el resto de nuestra vida sigue sin una conversión verdadera.

Lo importante del ayuno es que lo que se ofrezca de verdad, se haga para fortalecer el espíritu y doblegar la voluntad. Por ello es bueno tener en cuenta:

* Ayunar de algo que nos gusta: Lo importante es que mientras hagamos ese ayuno no estemos quejándonos porque no disfrutamos de lo que nos estamos privando, o ese tiempo lo ocupemos con otro placer, sin orar y meditar sobre nuestra vida. No tendría sentido abrir un espacio de nuestra vida simplemente para ocuparlo con otro placer o diversión que hace tiempo no hacíamos, o para poner al día asuntos pendientes.

* Ayunar implica dar uso a lo que ayuno: Cuando ayunamos, se trata de que podamos compartir lo que ayunamos con quien lo necesita. Si dejamos de comer algo, la idea no es que me ahorro el dinero o guardo ese alimento para después sino que lo pueda compartir con quien no tiene. El ayuno implica desprenderse no simplemente aplazar. Igualmente cuando ayuno de hacer algo que me gusta, ese tiempo lo debo compartir con quien me necesite, darme a los demás por amor a Dios.

* Ayunar lleva a cambiar: En el ayuno no es solo sobre gustos, sino que a medida que se doblega la voluntad, debemos ser más dóciles y buscar la conversión. Cuando en el ayuno estamos privando nuestra carne de algo, es para que el espíritu se haga fuerte y podamos ser más dóciles a Dios. Terminar un ayuno para seguir igual no sirve de nada.

* Ayunar nos enseña a agradecer: Cuando ayunamos y sentimos el vacío de no contar con eso de lo que nos privamos, nos enseña a ser agradecidos cuando lo tenemos. Privarnos del pan, nos enseña a agradecer a Dios cuando lo tenemos y nos quejamos de lo que toca comer en casa.

* Ayunar debilita al demonio: Recordemos que Cristo enseñó que había demonios que sólo salían con ayuno y oración (Mt 17, 21). El ayuno aleja al mal, porque al enemigo ver que somos capaces de resistir a los deseos de la carne y sujetarnos a la voluntad de Dios, huye al verse derrotado por la gracia de Dios en nosotros. Por tanto al ayunar de manera sincera, alejamos al enemigo.


En el ayuno debe sentirse la aflicción por nuestros pecados y ver esa oportunidad como una manera de lograr sentir el daño de nuestros pecados. El profeta Joel anunciaba:

Vístanse de duelo y laméntense, sacerdotes! ¡Giman, servidores del altar!  ¡Vengan, pasen la noche vestidos de penitenciaministros de mi Dios! 
Porque se ha privado a la Casa de su Dios de ofrenda y libación. Prescriban un ayunoconvoquen a una reunión solemne, 
congreguen a los ancianos y a todos los habitantes del país, en la Casa del Señor, su Dios, y clamen al Señor. (Joel 1, 13-14)


Igualmente el profeta Jonás nos enseña que el ayuno es un reflejo de una disposición interior

Jonás comenzó a internarse en la ciudad y caminó durante todo un día, proclamando: "Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida". 

Los ninivitas creyeron en Dios, decretaron un ayuno y se vistieron con ropa de penitencia, desde el más grande hasta el más pequeño.
Cuando la noticia llegó al rey de Nínive, este se levantó de su trono, se quitó su vestidura real, se vistió con ropa de penitencia y se sentó sobre ceniza. 

Además, mandó proclamar en Nínive el siguiente anuncio: "Por decreto del rey y de sus funcionarios, ningún hombre ni animal, ni el ganado mayor ni el menor, deberán probar bocado: no pasten ni beban agua; vístanse con ropa de penitencia hombres y animales; clamen a Dios con todas sus fuerzas y conviértase cada uno de su mala conducta y de la violencia que hay en sus manos. (Jon 3, 4-8)

Pero aun siendo reflejo de una disposición interior, por fuera debemos evitar que nos vean o mostrarnos para otros. Por ello Cristo mismo nos pide que sea en secreto, pues a quien le importa nuestro ayuno es sólo a Dios:

"Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como hacen los hipócritas, que desfiguran su rostro para que se note que ayunan. Les aseguro que con eso, ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfuma tu cabeza y lava tu rostro, para que tu ayuno no sea conocido por los hombres, sino por tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará". (Mt 6, 16-18)


Pide a Dios que te ilumine en qué puedes ofrecer como ayuno, pero lo importante es que ese ayuno te fortalezca para ser mejor cristiano y lograr una verdadera conversión.

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